martes, 20 de abril de 2021

Malaquita, de Juan Manuel García Ramos

 Un libro raro y complejo. Mi primera impresión es de Muy «fragmentado, roto», pero dice en el prólogo J.L.Aranguren, que «de construcción muy trabada»  Eso estoy por verlo –me decía leyendo los primeros capítulos, que me parecieron endemoniados, por eso leí el prólogo, porque no me estaba enterando de nada. Sí, mucha fragmentación, mucha suciedad, mucho bajos fondos, hediondez, frases sin acabar o sin trabar, o que se te resbalan y no acabas de comprender. ¿Será que soy sunormá? Por eso me paré y leí el prólogo, a ver si es que yo era tonto o qué. El prólogo me tranquilizó. Algo apuntaba a esa extrañeza mía. Si don J.L también se sintió algo así es que no iba tan desencaminado yo estando tan perdido. Eso sí –continúo– «cargada de hedores, tristeza y desolación», desde luego. Pero luego sigue el prologuista «fácil de leer», ¡y una mierda!, o va a ser que sí que soy sunormá. A mí me estaba costando. Y creo que se desmiente cuando dice que hay que releer, que hay que ir «atando cabos» –será si uno tiene paciencia suficiente. Hasta donde yo he leído, las novelas fáciles de leer te ponen el cabo ya desatado en la boquita y ya masticado.  Pero ya antes había dicho que «de construcción muy trabada». Vamos que la novela es un acertijo, un crucigrama. No es un libro que se lea por el gusto hedonista de leer, creo yo, más bien se lee por orgullo, por descifrar el enigma, si es que hay enigma, que a veces no lo hay, solo confusión embarullada para que lo parezca, que no son pocos los que te dejan después de una anabasis de mil demonios, al borde de la nada, en la oscuridad, “chupando un palo y sentado encima de una calabaza”, como dice Serrat. 

Pues la terminé y corroboro todo lo que dijo Aranguren y me enorgullezco de no ser tan sunormá como me creo a veces. Historia la hay, y bien trabada, y cuando vuelves, a releer  de atrás para adelante te das cuenta de que, a lo mejor tampoco era tan endemoniado el comienzo, y estaba más clarita de lo que tu bisoñez (já, aunque les parezca mentira es la primera vez que empleo esta palabra en mi vida, –ya he pedido un deseo) de lector inicial te permitía ver. 

La historia creo que más o menos es esta. Ernesto Santos es un niño que se ha criado en orfanato de curas. Mal rollo, los curas, mal recuerdo. Algunos amigos de los que también hay que defenderse todo el tiempo, tanto como de los curas. Una tal Lorenza lo rescata del asilo. Lorenza lleva una pensión, la Florida, ¿o un asilo de ancianos?, y quiere al chico para que la ayude. Y… bueno, también le da otros menesteres. El chico es callado, triste, derrotado, sin impulso vital. Pero despierta el afecto de todos los que le conocen. Hay una tal Irene a la que el chico recuerda con insistencia. Ella se marchó y él no la olvida (esa historia no se cuenta, se recuerda). Hay otras como Teresita, que también trabaja en la pensión. Y doña Lorenza, claro. Pero ninguno consigue sacar al muchacho de ese pozo de tristeza en que anda siempre sumido. Por la pensión pasan algunos con los que hace amistad. Un tal Fonollosa. Padre de un pintor que a veces va a verlo. El muchacho va dando tumbos, sin rumbo. Lo llaman al cuartel. Mientras está allí muere doña Lorenza. También muere Fonollosa. Al muchacho lo licencian por inútil. Se busca un trabajo. Los papeles de Fonollosa dan un poco cuenta de su vida. El hombre estaba muy enfermo. Llagas purulentas y no sé qué más. Parece los pilló con una prostituta a la que conoció hace tiempo. Esa prostituta fue la tal Irene que una vez conoció Ernesto y que un día desapareció. Ernesto no lo sabe, porque los papeles donde se contaba eso los sacó alguien de entre las cosas del viejo, pero Fonollosa e Irene sí que lo sabían, que ella también era su madre. La Malaquita a la que debe el nombre el libro y que solo tiene un capítulo.  Después del cuartel Ernesto debe buscar un trabajo. También se busca un cuarto alquilado. Por esas calles de dios conoce al otro gran personaje del libro Dolores Imedio, Dolita. Es casi una anciana ya. Dolita es ninfómana, aunque nunca se menciona esta palabra. Es, o ha sido de buena familia. Su padre era tipógrafo, ganaba suficiente para mantener una casa. La madre mimaba mucho a su hijita a pesar de que esta tenía un comportamiento algo descontrolado. Cuando murió el padre se acabaron las comodidades. La madre también murió y ella quedó sola. Prácticamente mendiga, pero ella es muy orgullosa y no permite que nadie la trate de beneficencia. Cuando le entra el gusanillo arrastra a cualquiera a un rincón. Y todos saben que en cualquier momento ella está dispuesta. Donde sea. Cuando sea. Ya está vieja y gorda, pero su deseo aún palpita. Muchos se burlan aún de ella. Pero todavía encuentra quien le enjugue el ansia. 

Por fin se encuentran estas dos soledades y se reconocen gemelas, como diría un poeta. Ernesto y Dolita se acaban casando. Y son felices follando, que es como empieza, extrañamente, el primer capítulo.

Luego hay un hachazo final, pero para qué vamos a amargarnos la talde.


Mi comentario personal.

Este libro lo tenía por ahí, tengo la colección entera, los 52 volúmenes de Biblioteca Básica Canaria comprada semana a semana, excepto aquel famoso volumen 1  que nunca llegó a salir, y creo que nunca lo había leído. Como que tenía en menos a este hombre, que sufrió la poca fortuna de que conociera primero a su hermano, Alfonso, aparte de otros descréditos menores como que estuviera vivo y se dedicara a la política. Por otro lado, no me extraña que en aquellos años me produjera rechazo el comienzo de esta lectura, que, aunque es corta, tiene unas primeras páginas muy empinadas. Lo he escogido precisamente ahora porque hace poco que ha salido la más reciente novela del autor, El delator, y he aprovechado la llamada. También he oído que han reanudado la colección sacando una partía de obras de autoras, que en la nómina de estos 52 apenas salpican una o dos de nombre femenino. No me ha decepcionado en absoluto, al contrario, sale uno de la lectura tan reconfortado como después de haber completado un sudoku sin haber empleado el azar. Y por hacerle un desagravio he pensado que voy a echarle un vistazo a El inglés. Y también tengo interés por un Guanche en Venecia, historia de la que me enteré hace poco por un artículo de un historiador , Alberto Quartapelle, que se interesa por aspectos realmente curiosos de la historia de Canarias y del cual leí hace un tiempo un librito titulado El Hércules de las Islas Canarias y otras historias que me dejó un tanto perplejo porque no tenía muy claro si era ficción o historia lo que se narraba allí. 

Pero eso es otra historia. Esta se acaba aquí.

1 comentario:


  1. Parece interesante, eso sí, me salté la parte donde cuentas lo que cuenta para evitar el spoiler porque, vaya usted a saber, lo mismo acabo leyéndola un día de estos que me recupere de la vuelta al trabajo y la desernegización que ha supuesto. ¡Gracias capitán!

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