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miércoles, 8 de noviembre de 2023

Presentación de El hombre que mató a Liberty Valance. John Ford, de Rubén Benitez

 


Pues, ayer presentó en Sinopsis Rubén Benítez su nuevo libro El hombre que mató a Liberty Valance. Héroes bajo sospecha. Es decir un libro nuevo sobre una película viejuna de un más viejuno director de cine viejuno, como es el cine del oeste que se realizó en Hollywood en la primera mitad del siglo pasado. Esa presentación la hizo Ricardo Rodríguez Jiménez, otro punto que hace poco también tuvo la osadía de mostrar al mundo sus reflexiones sobre otro director no menos viejuno y más sobado que pijama de soltero: PSICOSIS, DE ALFRED HITCHCOCK:VISIONES Y VERSIONES Ricardo Rodríguez Jiménez y otros...

La primera pregunta es inevitable, ¿qué necesidad hay de un libro nuevo sobre John Ford?, ¿qué hay de nuevo que decir sobre este hombre y esta película? 

Vale, es cierto que cada generación es una mirada nueva que puede distinguir matices diferentes. Pero, ¿de verdad el cine americano de los cincuenta da para tanto? Yo tengo la impresión de que si se exprime con suficiente paciencia hasta de una piedra se acaba sacando aceite. Quiero decir que las palabras son tan versátiles, se puede hacer tanta costura con ellas, que se puede llegar a decir, como afirma casi con convencimiento Rubén, que John Ford es feminista y de izquierda, aunque, en apariencia, de toda la vida sus películas haya dado tufo a justificación del imperialismo norteamericano (que tampoco tiene por qué ser incompatible, bien mirado) Una justificación, también hay que decirlo, no expresada con euforia, más bien con cierto bochorno, pues, en efecto, parece que en sus películas siempre había un cierto rechazo a como acababan las cosas. Sin euforia por la masacre de indios, sin engreimiento por haber construido esa nación (representado en la pesadumbre de James Steward al reconocer que él no había sido el que mató a Liberty Valance ante los periodistas, por ejemplo) a fuerza de infamias. Pero feminista porque sale una mujer diciendo ¡hum! en alguna de sus películas, o de izquierdas porque nos muestra la miseria de esos pobres en Las uvas de la ira... eso es alta costura.

Es posible que si uno mira con detalle a lo mejor la mujeres no salen tan mal paradas en sus películas y eso pueda interpretarse como feminismo . Es posible que, si uno mira con detalle, sale en la película una escuelita con un niño negro y un niño mejicano y eso  pueda interpretarse como que es antirracismo. Puede ser que, si uno mira con detalle, la pesadumbre del protagonista, el amigo James Estiguar, represente la hipocresía de los políticos que se han encumbrado manipulando la fantasía de la gente creando falsas leyendas (labor, la de difundir la falsedad, atribuida a los periodistas, en esta película) para ocultar que ese país que han construido se sostiene sobre el asesinato y el robo, además de, todo hay que decirlo, la persistencia inquebrantable que da la desesperación de un montón de colonos que aguantaron sequías y chaparrones, indios y matones, tormentas y caciques acaparadores. 

Pero en sus películas no se nota casi nada, por ejemplo, el racismo integral contra negros (todos los que no tienen procedencia del continente europeo) y mejicanos (todos los que pueblan desde la frontera sur hacia abajo el continente americano), ni mucho menos se nota el genocidio de los indios, las continuas traiciones  de los pactos que con ellos se hicieron a medida que les iban robando terreno – vale, un poquito sí que se nota en Fort Apache – y otras miserias que la histora de ese país barre debajo de la abultada alfombra.

Claro. También se habló de otras cosas; de aspectos puramente cinematográficos, la carrera de John Ford es infinita – dice R.B. que casi o más de 100 películas –: de su arte para encuadrar planos maravillosos, de su influencia en otros directores como Kurosawa (¡será!), de su amplia variedad temática. (¡coño!, si es suya Las uvas de la ira, basada en la novela de Steinbeck, y El hombre tranquilo; ¡homérico!, solo por eso merece salvarse, ¡sea!). Pero ya ahí no presté mucha atención porque me entretuve mirando lomos de libros, tan sexis, y me estiraba, que me estaba dando un calambre. 

Pues la presentación estuvo bastante concurrida, para estas cosas, porque tengo la impresión de que, además de poetas, lo que hay en estas tierras son muchos cinéfilos. Y alguno le discutió las opiniones a R.B. con más fundamento que el que yo expreso aquí, que el cine a mí, poco fú y poco fa. He de decir que estas gentes parecieron recibir el libro de Rubén Benítez con entusiasmo y casi le exigían que cuajara en papel esa otra propuesta de la que habló de hacer un análisis semejante de Sin Perdón, El jinete pálido y alguna otra, de Clint Eastwood, otro director  al que se le puede sacar mucha punta hasta llegar a convertirlo en feminista filo gay y con un fondo de izquierdas indisimulable. Bueno, alguna razón habrá para que nos guste tanto, y, a lo mejor, él sabe explicárnoslo. Veremos a ver. 

Postdata: 

Por mencionar, que estas cosas a veces interesan, que la editorial es Providence Ediciones, que al parecer se dedican específicamente a publicar libros de temática cinéfila

lunes, 24 de abril de 2017

Emilio González Déniz en la Biblioteca Saulo Torón de Telde


Escuchar a Emilio siempre es un placer, porque es uno de esos escritores iceberg en los que la mayoría de las narraciones que podría contar están aún por debajo de la superficie de una publicación, y ya anda por dieciocho o diecinueve, suficiente para hundir cualquier Titanic de incultura.
Como conmemoración del día del libro,  el sábado 22, en la biblioteca del parque Arnao, en Telde, se celebró, en el marco de una recoleta Feria del Libro y entre los actos convocados para ese día, una Charla entre Rubén Benítez Florido y el mentado don Emilio González Déniz. La excusa pudo haber sido la presentación de su último libro El tren delantero, pero se quedó en mera excusa porque de lo menos que se habló allí fue del libro en cuestión. De lo que se habló fue de todo lo demás. Algunos de los temas los iba apuntado Rubén con una estudiadas cuestiones, pero el resto se los sacaba don Emilio de su prodigiosa manga de recuerdos, que son muchos y muy variados.
Nos hizo saber por ejemplo su certeza de que un fundamento básico de la literatura es la oralidad, es decir, los cuentos de abuela, en los que, por ejemplo, se ha basado profusamente la obra de García Márquez, y en los que su propia obra está notablemente sostenida, en particular su novela Bastardos de Bardinia. Es oportuno el nombre del nobel colombiano porque, a modo de anécdota y para patentizar la fundamentalidad de la narración oral en toda buena literatura, nos contó cómo se sorprendía leyendo Cien años de soledad a los diecisiete años y confirmaba que muchas historias que se cuentan allí le habían sucedido a él mismo, en aquellos pagos del sur hoy arrasados por edificios de apartamentos, o se las había contado a él su propia abuela. Nos recordó que el propio García Márquez ha contado que en muchos otros lugares dentro y fuera de Hispanoamérica se ha encontrado oyentes que le explicaban sorprendidos que aquellas cosas extraordinarias que el escribió en su libro les habían pasado exactamente a ellos o se las habían contado dentro de un reducido entorno familiar del que ellos creían que era patrimonio cultural.
Afirmaba Emilio que aun existen muchos temas y asuntos dentro de nuestra  historia local que no han sido suficientemente ficcionados, es decir, tenemos historias para rato y a nuestros autores no parece interesarles en demasía nuestra propia tradición para incluirla en sus temas literarios, aunque algo se hace. Mostró su admiración por la década de los cincuenta en nuestra ciudad donde ocurrieron multitud de sucesos que tienen suficiente entidad como para ocupar unos cuantos relatos novelescos. Ponía por ejemplo su Hotel Madrid, donde cuenta los días en los que se estuvo rodando en esta ciudad la película de John Houston, Moby Dick, pero aseguró que tan interesante sería una novela que contase los pormenores del rodaje de Tirma, aquella película italiana de tanto renombre, aunque bastante reducida calidad. La década de los cincuenta fue la década en la que tuvo lugar la historia de el Corredera, que él también aborda en su novela La mitad de un credo, pero también fue la época de la gran plaga de cigarra que asoló nuestros campos y que hundió nuestra economía, que aún no tenía el soporte del turismo. Pero también fue la época del recordado monseñor Pildain que tanto hizo por los desfavorecidos como contra las libertades, sobre todo morales, de nuestros conciudadanos. Y fue la época en que surgió un jugoso movimiento autodenominado La iglesia cubana al que él alude en Hotel Madrid, y que  Arturo Cantero Sarmiento ilustra prolijamente en su Las Palmas 1950: vidas, hechos y milagros de la famosa iglesia Cubana, que tenía como principal enemigo al exigente obispo. Y fue también esa década la que recibió en nuestra ciudad a un curioso Padre Payton, que llegaba con un empeño evangelizador poniendo a todo el mundo a rezar el rosario en lo que al parecer se llamó una Cruzada en familia. Y también fue el tiempo en que ocurrió un eclipse total de sol que tomó por sorpresa, contó Emilio un recuerdo de su infancia, al campesinado que creyó por un momento que sobrevenía el fin del mundo profetizado por la Virgen de Fátima de la cual en esos tiempos se desvelaba el contenido de su tercera carta.
En fin, exhibió ejemplos suficiente para validar su afirmación de que la década de los cincuenta, al menos en Las Palmas, fue pródiga en sucesos novelables que si no se abordan prontamente quedarán sumidos en el olvido.
Como se puede imaginar por lo hasta aquí expuesto, la charla, que prácticamente no lo fue, pues a don Emilio parece bastarle que le pregunten la hora para desatar la historia del mundo, se desplegó durante una escasísima hora y no desbordó esos muros de contención porque el autor tenía un limitadísimo horario. Nos dejó, antes de marcharse, una recomendación literaria, luego de una amable alusión a los autores que poblaban la sala, si tengo que recomendar algo que sea la biografía de María Antonieta, de Stefan Zweig, vino a decir. Pues, no quería dejármelo atrás en esta reseña de un rato verdaderamente memorable, que, como no quiero olvidar, anoto aquí.

jueves, 28 de abril de 2016

Palabras entrevistas. Diecisiete autores hablan de su oficio



Se presentó ayer en el Club Prensa Canaria ayer, 28/04/16, el libro de Rubén Benítez Florido, Palabras entrevistas. Diecisiete autores hablan de su oficio (Mercurio, 2016). Acompañaba a Rubén en este evento el poeta Pedro Flores a través de cuyas preguntas y las respuestas del autor, aparte del conocimiento directo que de él y de ella tenemos, nos atrevemos a reseñar la obra.
Como es nuestro amigo no nos entretendremos en pergeñar su trayectoria literaria, que ya va adquiriendo el carácter de extensa. Solo mencionar que hasta ahora sus publicaciones han sido recopilaciones de artículos de la más variada temática, pero de los que si trasciende una llama común es la de un entregado amor a la literatura y a cuanto la rodea, que es el resto del universo, el cual es percibido siempre con una visión literaria.
Sabemos, porque le conocemos, y él mismo no se embaraza al reconocerlo que peca de mitómano y tal vez esa sea la clave de este libro, que no responde a un «estado del arte» de la literatura del momento, ni a un «quién es quién», ni ninguna otra compilación forjadora de cánones o generaciones. No, ni por asomo fue esa su intención, y eso se percibe en la variedad y dispersión de las flores escogidas. Integran la compilación de entrevistas autores locales, poetas y narradores, nacionales, narradores, filósofos, y hasta un cantante, e internacionales, narradores y ensayistas.
El criterio para la selección, es obvio, no puede haber sido otro que la admiración, el interés por el quehacer y los modos de hacer literatura ajenos y, sobre todo, la oportunidad. La oportunidad de pillarlos en el momento preciso y la condición de que ellos consideren oportuna esta invasión de su intimidad.
Pero oportunidad no significa improvisación. Estas entrevistas no están realizadas al azar del momento, han sido cuidadosamente preparadas, documentadas, y eso se nota en la calidad de las preguntas y la profundidad de las respuestas a que dan lugar. Es por eso que este libro es un documento, es decir, trasciende lo circunstancial, pues nos aporta información de calidad acerca de los entrevistados, acerca de su pensamiento, sus modos de afrontar el trabajo literario, sus opiniones sobre este universo en el que gustamos de andar que es el de la literatura.
Este es el objetivo declarado de estas entrevistas, según confiesa Rubén, alcanzar a atisbar, por lo menos, algunos aspectos de la cocina del entrevistado, sus recursos, sus estrategias, lo que nos permite apreciar mejor su obra pero también nos permite aprender de ellos a desarrollar un poquito mejor la nuestra.
Tenemos, pues, nuevo libro de nuestro amigo Rubén Benítez Florido en la ciudad y esperamos que tenga una magnífica acogida, pero sobre todo esperamos que tenga permanencia y que sirva de referencia para quienes se interesan, en particular por estos autores entrevistados, pero, en general,  por el hecho literario y sus aledaños.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Solo lo escrito perdura


Se presentó ayer en el museo Domingo Rivero el libro de Rubén Benítez Solo lo escrito perdura que es ya su cuarto libro en solitario – es potestad del lector verificar las cuentas, pero qué más da si son tres o cuatro – sin contar los dos en los que participa con los Papirómanos, que no son una trouppe  de payasos sino cinco fulanos que se reúnen con cierta periodicidad a charlar sobre literatura y afines, a planear revoluciones literarias, a despotricar sobre la apestosa realidad y, a veces, a confeccionar joyas literarias que luego publican con el descaro de la juventud ya perdida, y también a beber ginebra.
Pues precisamente fueron estos muchachos y muchacha los que acompañaron en esta ocasión al autor en la presentación de su libro, decisión que aún no queda muy claro si fue acertada o no, el futuro y el volumen de ventas lo dirá – esto siempre se dice, como si el futuro o el volumen de ventas siempre tuvieran la razón.
Solo lo escrito perdura es un libro de artículos de tipo ensayo que tratan de todas las cosas, por decirlo pronto y mal. Ahí encontrarán reflexiones sobre viajes realizados, películas vistas, mucha, mucha, mucha literatura, bastante filosofía, y todo lo demás. Iba a decir que con ser ensayos breves, reflexivos y literarios, el libro estaba exento, por fortuna, de la palabra metarrelato, pero, oh, dios, acabo de verificarlo y sí que aparece, aunque se le puede disculpar porque está inserto dentro de una cita de un tal Lyotard, y hasta parece tener sentido dentro de la cita: algo así como que ya no existe un ----- que unifique el imaginario popular, refiriéndose a la disparidad de causas y opiniones del más variado tipo que la introducción de internet ha permitido aflorar de una manera más abierta (frente a una época anterior, continúo yo, de completo dominio del mercado que solo dejaba libertad de movimiento a aquellos discursos que tuvieran mayores beneficios).
Bien, durante la presentación se habló de filosofía, de literatura, de arte, y, a punto estuvimos de tocar el precio del pan y del aceite, pero tan espinoso tema pudo eludirse gracias a Antonio que preguntó algo acerca de la pertinencia del desmantelamiento de las humanidades en el sistema educativo. Hay que recordar que nuestro autor es profesor de filosofía en enseñanzas medias. De más está exponer aquí las opiniones del autor, aunque se pueden resumir, como la de todos, creo yo, los asistentes a un acto cultural, que la orientación de las enseñanzas hacia un fin puramente laboral no augura un futuro muy halagüeño, y más si tenemos en cuenta que el mercado laboral se vuelve cada vez más exiguo.
Juanjo exhibió una semblanza de nuestro autor, destacando, para incomodar su extraordinaria humildad, su origen teldense y su juventud, que no vamos a precisar. También destacó algo que me parece extraordinariamente importante y es el admirable entusiasmo que manifiesta el autor en este empeño literario, entusiasmo que todos admitimos que nos contagia gozosamente. También puso en un brete a Rubén al preguntarle ¿qué te asombra? Haciendo referencia, por lo visto, a una cita filosófica que define a los filósofos como aquellos que manifiestan su asombro ante los diversos aspectos de la existencia. Pues bien, nuestro amigo Rubén no supo qué responder a esto y tuvo que tomar la palabra en su lugar Ely, que, como espectadora directa de su actividad, supo resumir admirablemente el talante curioso e interesado por todo del autor, sobre todo, destacaba, un interés por expresar literariamente ese asombro. Y literariamente, literario, literatura, letras, y todas las derivaciones de ese lexema – creo que se llama así – se repetían tanto porque si en algo se definió Rubén en esta presentación es en su incombustible amor, no solo por la literatura, sino por todo lo literario en sus más amplias manifestaciones. Hasta el punto que declaró solemnemente que este es el aspecto central de su vida siendo todo lo demás el soporte material que se requiere para dar existencia a esta entidad.
Para dar un toque incómodo a tan gratificante velada, intervino el tal Ricardo, destacando, con un poco de mala intención, algunos aspectos de los que, en su deplorable opinión, el autor mostraba algunas carencias. Uno de estos aspectos es una aparente inocuidad neutral en sus artículos, tanto personal como de compromiso social, que el autor desmintió serenamente y con razón, exponiendo que, a su juicio, en sus artículos expresaba una visión del mundo que si bien no era panfletariamente – uso mis palabras, pero expreso, creo su intención – reivindicativa, no estaban faltos de una severa crítica a los males de este mundo, siempre matizada por una visión optimizadora que le presta el verlo todo desde una perspectiva poética.
Me salto una discusión, apenas desarrollada, sobre si los filósofos y los poetas son equiparables y sobre lo acertado o no que es percibir al hombre como una entidad verbal, como pura construcción de lenguaje, con la que no estoy de acuerdo, o más bien, con la que estoy de acuerdo que ocurre, pero que precisamente es una de las razones que nos lleva esta confusión social en la que andamos inmersos.
Y entre unas cosas y otras ocupamos hora y pico de charla en la que no sé si quedaron muy claros los contenidos del libro pero con la que, al menos, intentamos aproximarnos al espíritu que de él trasciende, que creo que es una manera más eficaz de animar al lector a aproximarse a un libro más que el recitarle de pe a pá el índice de capítulos. 

jueves, 3 de diciembre de 2015

Libros, hoy.

Esta noche no podré ir a la charla con autoras de Novela Romántica en el Quegles a las 19:00 con Ramón Betancor porque en el Domingo Rivero se presenta el nuevo libro de Rubén Benítez: Solo lo escrito perdura, del que participo como presentador.


Pero como no quiero dejar atrás aquel evento. Las autoras invitadas son
Romina Miranda, que ha escrito cosas como

Yara Medina que tiene

Y Bedelia Suárez 


Está bien que uno se vea obligado a elegir eventos culturales a los que asistir. Aunque la toma de decisiones es ya una opinión, y es obvio que en mi ámbito de interés no está la novela romántica como género, estoy maravillado de la enorme actividad literaria que en realidad hay en Canarias y la enorme ilusión con que los implicados se desenvuelven en ella, y siento no poder asistir a ambos eventos, y más que hubiera, al mismo tiempo, ya que el Buen Señor se limitó a dotarme de un único cuerpo, solo por el placer de contagiarme de esa ilusión.